Querido ladrón de espejos,
(usaré el genero masculino solo por comodidad, espero que no lo tomes como una forma de machismo)
ya han pasado dos meses y has pensado en no devolver el espejo. Es una pena, ¿como puede pasarte por la cabeza robar un objeto tan cargado de energía? Si trae mala suerte romper un espejo, ¡imaginate robar uno! Y además un espejo que lleva trenta años reflejando mi imagen, tres décadas reflejandome, desde que era un crio sin dientes hasta que he descubierto mis entradas.
Imaginate, ¡vaya malasuerte te has echado encima!
Asumido que materialmente ya no puedo hacer nada para recuperarlo, me limitaré a mirarte a través de él y cada vez que te asomerás...
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